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Terra
La Coctelera

Recetas sencillas que no lo son

Ayer estuvimos recogiendo moras toda la mañana. No es algo fácil, normalmente antes que tú ha pasado mucha más gente por las mismas mata y cuando llegas suelen quedar solo esas que son totalmente inaccesibles. El tema no sería tan complejo si las zarzas no estuvieran completamente rodeadas de pinchos… pero es lo que hay y estas plantas han salido así, con pinchos asesinos. Después de unas horitas al sol y de una gran caminata por la montaña, con las piernas completamente arañadas y una pequeña bolsa con las preciadas moras en la mano he llegado a casa.

En un principio parecía que la receta, la de la mermelada de mora, no tenía muchos secretos… Moras, azúcar y el zumo de un limón. La cantidad de azúcar un poquito inferior al peso de las moras. Todo al fuego y removiendo con frecuencia para que no se pegue. La mezcla hay que pasarla por el colador y guardarla en tarritos de cristal (que he acumulado durante meses).

Todo perfecto hasta que la cuchara de palo con la que he removido la mezcla casi una hora se ha quedado absolutamente adherida al plato sobre el que estaba posado!!!! No era mermelada lo que había conseguido, era caramelo de mora…

Cuando la receta dice la cantidad de azúcar algo inferior al peso de las moras, ¿qué quiere decir? ¿100 gramos menos? ¿300? ¿400? No deberían de existir recetas tan complejas escondidas bajo apariencia de recetas sencillas…

Absorbida por La Reina del Sur

Iba a decir que estos días estoy redescubriendo a Arturo Pérez Reverte, pero en realidad lo estoy descubriendo (sin el “re”).

Leí, o al menos lo intenté, Cabo Trafalgar, pero creo recordar que no superé las primeras 100 páginas. Aquello me parece que fue un gran trabajo de marketing (mis felicitaciones a la editorial). Las reseñas se colaron en todos los medios de comunicación, pero a la hora de la verdad… puffff! Todo se deshinchó.

La cuestión es que durante una pequeña reunión familiar, hablando de libros, salió el tema que nos ocupa. El público estaba dividido: había quien apostaba por un trabajo bajo pedido para conmemorar la batalla y había quien apostaba por un “negro sin mucho éxito”. Sea como fuere, todos los presentes opinaban que el gran Arturo (no el de la Mesa Redonda, sino el escritor) se merecía una segunda oportunidad. Y aquí estoy, absolutamente enganchada a La Reina del Sur sin apenas poder levantar la vista del libro.

Teresa Mendoza me ha atrapado en su gran red, esa con la que trafica en el sur de España, estoy encantada con las lanchas semirigidas que vuelan sobre el estrecho y los mafias rusas me caen algo más simpáticas…

Solo, lo confieso, he podido abandonar el libro durante unas horas para disfrutar del segundo capítulo de Los Pilares de la Tierra que emitió ayer Cuatro… ¿volverán a reponer la miniserie que Antena 3 hizo de La Reina del Sur?

La compra on-line

Soy una entusiasta de las nuevas tecnologías y, sobre todo, de las nuevas herramientas que este progreso nos ha aportado. Uso las redes sociales (aunque aún estoy tratando de averiguar el sentido de Twitter), me apasiona la web 2.0, adoro a San Google y no me despego de mi iphone… Pero lo de la compra on-line se me estaba resistiendo.

Estoy segura de tener cuenta en Amazon, Fnac y Privalia. Algún día entré, me registre aportando religiosamente cada uno de los datos que ponían como *obligatorios (los responsables de marketing, ventas o lo que sea de estas maravillosas tiendas deberían tomarse muy en serio reducir la pesadez de los registros), navegue durante horas por sus ofertas y llené de artículos un carrito virtual. Pero a la hora de la verdad, cuando hay que confirmar la compra y aparece el precio (al que le suman sin falta los gastos de envío) me acojono y no me atrevo. No se si son los dichosos gastos de envío, si es ver la cuenta tan abultada o es el tiempo que tengo para pensar si lo que estoy comprando lo necesito de verdad o es solo gastar por gastar, el caso es que nunca acabo de materializar mi compra virtual.  Puedo gastar lo mismo en una tienda real, de las que tienen detectores de alarma en las entradas y dependientas altas e impecables, sin remordimientos (aparentes) pero en la red como que me cuesta.

Hasta ahora solo me había atrevido con los viajes (lastminute.com es el gran aliado en mis vacaciones), pero es que creo que nunca he llegado a contratar un vuelo de otra manera que no sea la web. Y esto tenía que cambiar, el mundo evoluciona y no puedo quedarme atrás: O te subes a la ola o te engulle la ola… y me parece que desde arriba se puede ver todo mucho mejor. Con la decisión tomada y con la nueva ventana que nos ha abierto Inditex (es una seguridad poder comprar sabiendo que hay millones de tiendas donde puedo descambiar lo que compre) me he lanzado a por dos pares de zapatos (ya que voy a pagar los portes, por lo menos los amortizo y compro varias cosas).

He aceptado el pedido, ya está. Ahora a esperar…