Ayer estuvimos recogiendo moras toda la mañana. No es algo fácil, normalmente antes que tú ha pasado mucha más gente por las mismas mata y cuando llegas suelen quedar solo esas que son totalmente inaccesibles. El tema no sería tan complejo si las zarzas no estuvieran completamente rodeadas de pinchos… pero es lo que hay y estas plantas han salido así, con pinchos asesinos. Después de unas horitas al sol y de una gran caminata por la montaña, con las piernas completamente arañadas y una pequeña bolsa con las preciadas moras en la mano he llegado a casa.

En un principio parecía que la receta, la de la mermelada de mora, no tenía muchos secretos… Moras, azúcar y el zumo de un limón. La cantidad de azúcar un poquito inferior al peso de las moras. Todo al fuego y removiendo con frecuencia para que no se pegue. La mezcla hay que pasarla por el colador y guardarla en tarritos de cristal (que he acumulado durante meses).

Todo perfecto hasta que la cuchara de palo con la que he removido la mezcla casi una hora se ha quedado absolutamente adherida al plato sobre el que estaba posado!!!! No era mermelada lo que había conseguido, era caramelo de mora…

Cuando la receta dice la cantidad de azúcar algo inferior al peso de las moras, ¿qué quiere decir? ¿100 gramos menos? ¿300? ¿400? No deberían de existir recetas tan complejas escondidas bajo apariencia de recetas sencillas…